La palabra que encaja en el pensamiento por épocas es incertidumbre, es un pensamiento que se siente en los sueños, se refleja en la realidad y se queda en la mente; no sé por qué aparece en momentos inesperados, o aparece en etapas de estrés y caos, siempre está la duda sobre las ideas que surgen cuando no existe un certeza de lo actual.
No es necesario mirar atrás para entender la falta de certidumbre, todo lo que fabricamos depende de lo que hicimos en algún momento, y lo que queremos se programa desde este instante, cada paso debe ser bien pensado, para que después no nos quejemos de errores, claro que la vida se trata de equivocarse, y hasta los dioses se equivocan, creando seres egoístas.
Pero retomando el cuento, es raro tratar de crear un futuro prometedor, teniendo en cuenta un presente sin ilusiones, a veces es necesario ser útil a la sociedad, que otros confíen en uno, pero a veces por más que la mente quiera actuar a mil por hora, el cuerpo y la capacidad física nos desbordan lo intelectual.
No sé, pero todo debe complementarse con objetivos, el que pierde sus ideales y metas, pierde la virtud de saber vivir. A ratos no quiero que termine el día, porque el tiempo se agota, y los procesos largos son dispendiosos, y cuando menciono procesos me refiero a la universidad, vida en familia y en general la vida de uno, quizá entro en días de reflexión cuando mi mente se va imaginaciones, suposiciones y hechos reales que no favorecen un pensamiento claro, ideas que rondan, que están ahí, pero que no tiene sentido profundizarlas, pero inevitablemente llego al mismo punto.
No sabemos que nos pueda pasar mañana, ojalá estar vivos, pero en la actualidad hay preocupaciones que llegan de lugares muy recónditos de la mente, o probablemente de la realidad y la cotidianidad que a veces ni entendemos, sólo queda retomar la virtud de la paciencia.
