En mi mente se desvanece su mirada, se cierran sus ojos, se rompe
su sonrisa, su perfil se corre.
Mi pensamiento
sigue un camino confuso, ella retoma un viejo sendero, eso la hace feliz, nada.
Ese rostro que nunca pude disfrutar, pues que se pierda en el tiempo, algún día
la veré.
Un suelo húmedo,
lluvia tenue, una caminata que no conducía a ningún lado, una loma y
una esquina, la veía a un costado, posteriormente en las calles frías, iba en
un carro, no estaba sola, eran mis buenos amigos, me saludaban, y paraban, yo
preguntaba, se despedían, yo la miraba a ella, mientras se perdía el auto
en las calles, quedaba inmóvil y solitario, era como si ya nada
importara, seguía esa senda, pero luego un perro de color blanco con
negro llegaba a jugar, se deslizaba con el suelo que brillaba de lo frío, parecía
hielo, fue esporádica la aparición de aquel vivaz animal.
Ella en esos
mundos paralelos siempre retornó, con breves saludos y miradas largas, pero
esta vez fue totalmente diferente, como si fuera el final de la historia, una
historia que no fue buena, y que deja más dudas que respuestas, así fue.

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